Primero fueron los circuitos. Estudié ingeniería electrónica porque me fascinaba que un sistema hiciera exactamente lo que hacía por razones que se podían encontrar.
Con los años descubrí que las personas también son sistemas, solo que bastante más interesantes. Y que cuando algo deja de funcionar en alguien, casi siempre hay una razón. No una culpa: una razón.
A eso me dedico ahora.
Mi formación no fue una línea recta, y creo que por eso termina siendo útil.
Nací en el sur del Perú, al pie de tres volcanes, y me eduqué en un colegio jesuita, donde aprendí a hacerme preguntas incómodas y a no conformarme con la primera respuesta.
De muy joven me interesaron la psicología, la filosofía, la metafísica y el arte, cosas que aparentemente no tenían nada que ver con la ingeniería que estudiaba. También me acerqué al piano, y la música quedó para siempre entre las cosas que me ordenan por dentro.
A los veinte años entré en escuelas de autoconocimiento. Ahí empezó la búsqueda que todavía no terminó.
Abrí Centro Vida en Armonía, un espacio de terapias naturales donde por primera vez trabajé con personas de manera sostenida.
Ahí aprendí lo que ningún curso enseña: que cada persona llega con una historia distinta, y que aplicar la misma receta a todo el mundo no funciona por más buena que sea la receta.
A los treinta me reinventé. Viajé a España, estudié naturopatía formalmente y me quedé a vivir y a trabajar allá, primero en Sevilla, después en Tenerife y más tarde en Santiago de Compostela.
Además de atender, trabajé en marketing digital ayudando a naturópatas españoles a comunicar lo que hacían. Eso me enseñó algo valioso sobre mi propia profesión: que muchos profesionales del bienestar son excelentes en su trabajo y pésimos explicándolo, y que la confusión también hace daño.
Llegué casi sin planearlo. Después de un cambio grande en mi vida vine a visitar a mi familia, que para entonces ya no estaba en Arequipa ni en Perú sino en La Falda, Córdoba. Hace tres años vivo acá, y es desde acá que acompaño a personas de distintos países.
Es también donde terminé de unir todo lo anterior en una sola forma de trabajar, que es la que uso hoy.
Si me presento solo como naturópata, se entiende mal. Si me presento solo por las técnicas que uso, se entiende peor. Lo que hago es el resultado de juntar cosas que rara vez van juntas.
Busco dónde está la causa en lugar de perseguir cada síntoma. Ordeno, ubico y explico lo que veo, sin misterio.
Treinta años de autoconocimiento, filosofía y terapias naturales. Es lo que me permite mirar más allá de lo evidente sin perder los pies en la tierra.
Años atendiendo personas en tres países. Nada reemplaza haber escuchado muchas historias distintas.
Por eso no tengo un protocolo fijo. Combino lo que corresponde según cada caso, y esa mezcla es la que termina devolviendo calma.
No soy de los que sostienen el drama indefinidamente. Tampoco de los que te dicen que todo está bien cuando no lo está. Lo que sí hago es escuchar con atención, ordenar lo que veo y devolvértelo de una manera que puedas usar.
No prometo curaciones ni cambios instantáneos, y desconfío bastante de quien lo hace. Cada persona responde distinto, y decirte lo contrario sería faltarte el respeto.
Tampoco quiero que dependas de mí. Mi objetivo es que recuperes tu propia regulación y sigas tu camino. Si en algún momento veo que necesitas atención médica o psicológica, te lo voy a decir.
Fuera de la consulta, voy a todos los recitales y conciertos que puedo. Creo que no es casualidad: la música fue mi primera experiencia de que un estado interno puede cambiar en cuestión de minutos.
Una mente en calma ve otra vida.
Este acompañamiento no reemplaza atención médica, psicológica ni psiquiátrica cuando sea necesaria. No realizo diagnósticos clínicos ni prometo curaciones. Mi trabajo está orientado a favorecer procesos de regulación, bienestar integral y recuperación de equilibrio.
La vida es vibración, armonía y ritmo. Es decir, es música.
Cuando esa vibración guarda coherencia, el cuerpo, la mente y las emociones están sanos. Todo es frecuencia. Todo es, en el fondo, matemática.
Y creo que esto que vemos, el cuerpo y las circunstancias, es apenas una parte reducida de lo que realmente somos. Lo demás se parece más a un sueño, con más intensidad sonora, más amor y también más dolor.
Por eso la historia que acabas de leer es una sucesión de hechos que le ocurrieron a un personaje dentro de una película. ¿Quién soy en realidad? Soy más que mi historia y más de lo que puedo sentir.
Cuando acompaño a alguien, me veo reflejado. No en el cuerpo, sino en la mente y en el espíritu.
Al final mi intención es simple: que este sueño en el que estamos sea un sueño feliz, lleno de música y de amor.
La imagen es una figura de Chladni: el dibujo que forma la arena sobre una placa metálica cuando vibra en una frecuencia determinada. Cambia la frecuencia y cambia la forma. Sonido volviéndose materia.
El símbolo que uso desde hace años es la letra griega phi. En matemática nombra una proporción: la que aparece en el crecimiento de las plantas, en las conchas marinas y en tantas formas que percibimos como armónicas.
Lo elegí antes de saber todo esto, simplemente porque era la I de Isbán sobre la O de Orlando. Recién después entendí que estaba nombrando lo mismo que vengo buscando hace treinta años.
Tengo dos hermanas, Ana Elisa y Edith. Cada uno se fue por su lado muy joven y cada uno atravesó, por separado, un cambio fuerte de vida. Ana Elisa lleva más de veinte años en la meditación y en el trabajo de la conciencia. Edith lleva otros tantos explorando el autoconocimiento, la astrología y las constelaciones. Yo venía de la naturopatía y de las terapias naturales.
Y de pronto, sin habernos puesto de acuerdo, los tres terminamos viviendo en la misma zona de Córdoba, con la misma mirada sobre la vida y con veinte años de práctica cada uno. Eso, que nadie planeó, se convirtió en QSPACE.
Es un entrenamiento mental para el bienestar y el despertar de la conciencia, que acompañamos los tres personalmente a lo largo de varios meses. Ahí sumamos herramientas que no uso en las sesiones individuales: constelaciones familiares, astrología, meditación y reprogramación mental, entre otras.
Es otra cosa, y por eso lo cuento aparte. Las sesiones de regulación integral buscan devolverte calma en un tiempo corto. QSPACE es para quien ya sintió ese cambio y quiere un acompañamiento continuo y más profundo.
No hace falta para empezar, ni es el paso siguiente obligatorio. Si en algún momento te interesa, lo conversamos.
No necesitas tener claro qué te pasa. Cuéntame cómo te sientes y vemos juntos por dónde empezar.
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